Canelo, trajiste tanta luz a mi mundo. Tu espíritu juguetón, tu entusiasmo por la vida y tu entusiasmo infinito eran contagiosos. Desde largos paseos por el parque hasta alegres juegos de buscar, nuestras aventuras estuvieron llenas de risas y momentos preciados. Nos enseñaste a apreciar las alegrías simples de la vida y a abrazar cada momento con entusiasmo.